¡De la evolución a la involución!


Partir desde el Museo de la Evolución Humana es empezar fuerte, casi solemne. Pero lo que nadie nos advirtió es que lo que arrancó con la grandeza de la evolución acabaría rozando la involución, con las piernas pidiendo clemencia y el cerebro preguntándose en bucle: “¿Por qué estamos haciendo esto? 


La primera parte del camino discurre con buen ritmo, dejando atrás la ciudad para abrazar la llanura castellana. El horizonte se abre y, entre campos y silencio, surge la primera parada obligada: Hornillos del Camino. Y aquí, por supuesto, aparece la anécdota que ya es leyenda: ¿qué nos llevó a organizar semejante jabarda de 55 km solo por pasar por este pueblo? La respuesta aún no la sabe nadie, ni varios meses después ni once horas más tarde de haber compartido cada zancada.


En esta aventura se formó, sin pretenderlo, una comunidad digna de crónica: La Sociedad del Rosquillo”. Porque si algo define a los buenos caminos es la mezcla de épica y chascarrillo, de esfuerzo y risas entre amigos.


Fueguitos, Puritos, El Dudu y Henri: caminasteis como si fuerais parte del patrimonio vivo de Guadilla de Villamar. Vuestra gesta merece, al menos, foto en el Bar Luis y quizás el honor de dar el pregón de las fiestas en mayo.


Así, entre chistes y pasos, la ruta siguió creciendo hasta hacerse inmensa, hasta rozar la épica sin dejar de lado lo humano, lo cercano, lo absurdo y maravilloso de caminar tanto sin un motivo aparente.

El peso de los últimos kilómetros

Tras Grijalba, última fuente salvadora, la recta final hacia Guadilla se convirtió en un reto más mental que físico. La llanura era infinita, el sol implacable, y el único pensamiento común: Ver el Polideportivo en el que tan buenos momentos hemos pasado algunos primeros de mayo”.


Mención especial en este tramo final tienen dos invitados especiales, con los que nadie contaba:

Davod, CEO de C.C., y Bertolino, el irlandés errante: vuestro avituallamiento bubillo a falta de 6 km os coloca en la cuerda floja entre héroes y villanos. Monumento o sicarios, todavía no lo tenemos claro. Tal vez todo dependa del presupuesto que consiga la alcaldesa de Sotresgudo para las próximas fiestas de GdV.

La llegada no fue grandilocuente, no hubo trompetas ni alfombra roja, pero sí una certeza íntima: lo que empezó como una ruta cualquiera acabó siendo un relato compartido, un trozo de historia que quedará grabado tanto como las ampollas.

 Datos técnicos

  • Inicio: Museo de la Evolución (Burgos)
  • Final: Guadilla de Villamar (Burgos)
  • Distancia: 55´5 kilómetros
  • Desnivel positivo: 500 metros
  • Tipo de caminos: Senderos y sendas de montaña. Amplias pistas de montaña. Un par de tramos cortos por carretera para enlazar caminos. El punto más conflictivo es atravesar Olmillos de Sasamón, puesto que tenemos que atravesar las rotondas de entrada y salida al pueblo y a la autovía hasta llegar al Centro de Conservación de Carreteras.
  • Importante: La ruta no es circular, por lo que necesitaremos una combinación de coches o alguien que nos vaya a buscar a Guadilla de Villamar.

Lo que uno se lleva al final

Esta ruta no es para héroes: es para personas que quieren saborear el paso firme, que aceptan el esfuerzo como parte de la belleza. No hay cumbres imposibles, pero sí kilómetros hondos. No hay paisajes exóticos, pero hay paisaje que cala. Y, al final, te queda esa sensación de que caminaste algo importante, aunque nadie sepa muy bien por qué.

Si queréis animaros a realizar este recorrido, os dejamos un enlace a nuestra página de Wikiloc para que podáis descargaros el track de la actividad 👻